Ese vestidito no salió del viejo arcón donde yace la ropa que tu abuela usó en su juventud, pero cubriendo tu cuerpo me coloca bajo una llovizna londinense, mientras millones de finas gotas descienden, para estamparse sobre el oscuro y frío pavimento.
Y ahora eres bellísima.
viernes, 20 de marzo de 2009
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